Prosa, para no perder la costumbre...
Comerciantes de lo visual se encargan de llevar a los turistas por las puntas de los icebergs sociales y geográficos. Uno se sube a la nave cegadora y comienza a recorrer el aire contaminado por el smog, los paisajes saturados de publicidad y las melodías estridentes y prostituidas por el tráfico.
Circulando por las venas grises del "progreso" uno se conforma con deleitarse con los tesoros del pasado y recorre el centro del consumo "moderado" por los límites humanos.
Al final, cuando ya emerge lo subversivo, se termina el recorrido y algún descarado osa promocionar productos que vanaglorian una ciudad que apenas vimos.
De los pobres, de los desocupados, de la contaminación que producen las empresas que publicitan en nuestra mirada, de la desidia del gobierno que inunda, corrompe y tergiversa el pensamiento popular, ni mu.
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