Mixtura

Mixtura
La mixtura: viaje de ida

13/4/15

quo

Se asombrarían la cantidad de veces que me encuentro pensando en el tiempo. Lo considero una pequeña obsesión. Uno nace con eso incorporado, cree que desde el principio de todo eso estuvo ahí. No quiero socavar en la historia del tiempo, ni  dilucidar problemas ajenos con la falta del mismo, sino que me quiero centrar en cómo lo afecta a uno la ilusión del tiempo. Algo que parece existir, es una ilusión, una idea, algo que si no lo pensamos no existe, algo que modifica drásticamente nuestra cotidianeidad, hasta el punto de que nos organizamos según el tiempo ”que tengamos”. Como si pudiéramos ser dueños del tiempo. O de algo.

Me atrae mucho la idea de que no es más que una ilusión de cabo a rabo, o por lo menos una ilusión su paso por nuestra vida tan efímera. Es curioso como el tiempo no parece pasar cuando el panorama pinta grises aburridos en el futuro inmediato y como se apresura a levantar vuelo cuando la algarabía inunda el momento. Su flexibilidad, su ”longitud”, su imparable andar, su poder, superchería gastada hablando de como alguien lo ocupa. Tiempo, maravilloso, ilusorio, si se quiere fané, si se quiere encomiable, loable y otros sinónimos chupamedias. Podemos dotarlo de poderes curativos, de justicia, de profeta, a veces lo dotamos de culpas, en un intento de poder compartir el peso de las cadenas que arrastramos en estos días. Pareciera haber muchos tiempos, pero es todos, uno y ninguno, aunque es reconfortante desligarse a veces dejarse llevar por ese río imaginario y tangible a la vez, tan ambiguo que puede serlo todo. Porque al fin y al cabo, es tiempo.Se asombrarían la cantidad de veces que me encuentro pensando en el tiempo. Lo considero una pequeña obsesión. Uno nace con eso incorporado, cree que desde el principio de todo eso estuvo ahí. No quiero socavar en la historia del tiempo, ni  dilucidar problemas ajenos con la falta del mismo, sino que me quiero centrar en cómo lo afecta a uno la ilusión del tiempo. Algo que parece existir, es una ilusión, una idea, algo que si no lo pensamos no existe, algo que modifica drásticamente nuestra cotidianeidad, hasta el punto de que nos organizamos según el tiempo ”que tengamos”. Como si pudiéramos ser dueños del tiempo. O de algo.

Me atrae mucho la idea de que no es más que una ilusión de cabo a rabo, o por lo menos una ilusión su paso por nuestra vida tan efímera. Es curioso como el tiempo no parece pasar cuando el panorama pinta grises aburridos en el futuro inmediato y como se apresura a levantar vuelo cuando la algarabía inunda el momento. Su flexibilidad, su ”longitud”, su imparable andar, su poder, superchería gastada hablando de como alguien lo ocupa. Tiempo, maravilloso, ilusorio, si se quiere fané, si se quiere encomiable, loable y otros sinónimos chupamedias. Podemos dotarlo de poderes curativos, de justicia, de profeta, a veces lo dotamos de culpas, en un intento de poder compartir el peso de las cadenas que arrastramos en estos días. Pareciera haber muchos tiempos, pero es todos, uno y ninguno, aunque es reconfortante desligarse a veces dejarse llevar por ese río imaginario y tangible a la vez, tan ambiguo que puede serlo todo. Porque al fin y al cabo, es tiempo.


Ph: Flor Garello

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