Y reflexioné sobre la moneda. Sobre el concepto. Sobre la dualidad, el hecho de que todo (metafóricamente hablando) tiene dos caras.
Me atrajo y me asustó al mismo tiempo esa reflexión. Nadie ni nada escapa de eso. Todo tiene una cara y una cruz, un lado A y lado B, un blanco y negro, un luna llena y luna nueva. Y quizás sea por eso que somos lo que somos. No podemos ser nuestro lado A sin nuestro lado B, no podemos ser felices sin una cuota de nostalgia, desesperación y tristeza.
No podemos ser tiernos sin un lado erótico.
Y de eso tratan los próximos dos poemas.
De la dualidad, de la ternura y del erotismo, de la cara y la cruz.
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