Será que ahora sonreís, o que no veo lágrimas en tu cara.
O que te acomodaste el nido de caranchos que tenés arriba de la frente.
Quizás ahora entendés que esas ánimas que te molestaban eran vos.
Tal vez concluiste que en realidad, nadie te había dicho nada.
No sé qué será, pero estás diferente. Me gusta.
No sabía que tenías esas comisuras en las mejillas.
El sol ya se refleja en tus pupilas, pero no el sol que está en el cielo,
sino el sol refulgente de tu alma, ese que indica que escampó.
Es cuestión de actitud, de voluntad, darle leña a ese fuego para dejarlo quemar la sal.
Hoy es el día en que tenés que dejar ir la modorra.
Hay que salir a pelear.
Hay que salir al sol.
Cualquiera de los dos soles, mientras quemes de alegría a la negrura que ahoga las ganas de vivir.
Dejá ir esos trenes de melancolía, volvete luz.
Dejá brillar tu sol.
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