¿Por
qué celebramos los cumpleaños?
¿Es
acaso una forma de burlarse de la muerte?
O
quizás un regodeo de haber sobrevivido otro año.
Y
nos reunimos, y festejamos, con globos, torta, música, cualquier cosa que nos
alimente el alma y nos haga recuperar la juventud perdida.
Y
saludamos a todos, no vaya a ser que los perdamos en algún trayecto del camino
y no podamos llamarlos para saludar.
Y
recibimos regalos, como una muestra de bien merecida lástima, por seguir
encadenados a esta ¿vida?
Y
siempre hay un amargado, que se levantó con el pie equivocado y alza la voz en
debates innecesarios.
Y
aun así seguimos festejando los cumpleaños, porque es otra excusa para ver a
esos que viven en la distancia.
Y
agradecemos los regalos, porque son un mimo necesario.
Y
saludamos a todos, porque después de todo, sin amor no vale la pena esta vida.
Y
al amargado, doble porción de torta y a seguir festejando.
La
muerte ya tendrá otra oportunidad.
Que
espere.

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