Una ruta a lo lejos
por la que pasa algún que otro insomne. Un
murmullo de insectos que asesina el silencio. Sombras de luna cerniéndose sobre las piedras. Las heladas vías de un tren se
pierden en el horizonte. Una ligera brisa de verano mece las hojas de los
algarrobos, que descansan en el borde del monte, a pocos metros de las piedras
negras, los durmientes sucios, la mirada de una chica. Ella no hace nada más que esperar. Arrodillada, con la cabeza apoyada sobre una de las vías, vestida con ropas ligeras, ‘’para no manchar mucho’’ pensó ella. Está decidida. No llora. No duerme.
A lo lejos suena la
bocina de un tren que se acerca, una luz cegadora que asusta la quietud reinante.
‘’Por fin’’ susurró, sonriendo.

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