Pocos astros me atrapan
como el sol de invierno:
tan solo, tan frágil,
tan blanco, tan débil.
Es un sol moribundo:
da frío y calor
con su luz mortecina.
Su fulgor vaticina:
estaciones floridas
heladas traicioneras
interminables veladas
congeladas enredaderas.
Las sombras se burlan de él
Gustan de invadir su territorio
y él llora obcecado
en su cariz anodino
su brillo casquivano
sus rayos mundanos
Pero es renuente
a desfallecer
el perecer le aborrece
esforzándose por creces
creando tardes enteras
con luces certeras
precediendo
a la primavera.

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